En ocasiones existe confusión entre dos términos médicos comúnmente usados: Infecciones de Transmisión Sexual (ITS) y Enfermedades de Transmisión Sexual (ETS). Para diferenciarlos, tenemos que entender primero qué es una infección.

Cuando un microorganismo (virus, bacteria, hongo o parásito) ingresa a nuestro cuerpo y comienza a producir más partículas de su misma especie, hablamos de un proceso infeccioso o infección.  En el caso de las Infecciones de Transmisión Sexual, nos referimos a todas aquellas en las cuales la vía de trasmisión del organismo es por contacto sexual.

Cuando esto ocurre, el microorganismo puede estar en nuestro cuerpo sin producir ningún tipo de manifestación que nosotros podamos notar. Dependiendo el tipo de microorganismo, hay infecciones que pueden durar incluso años sin producir síntomas.

Hablamos de Enfermedades de Transmisión Sexual (ETS) cuando la infección por un microorganismo ha logrado producir manifestaciones clínicas, es decir, podemos notarlo o en su caso un médico puede identificar ciertas características que puedan permitir hacer el diagnóstico de una ETS.

En muchas ocasiones, se utilizan ambos términos de forma indistinta, o para referirse a lo mismo, sin embargo, es importante comprender que podemos tener una Infecciones de Transmisión Sexual (ITS) sin llegar a desarrollar ETS.

La importancia radica en los efectos que tienen las ITS en la salud sexual y reproductiva, ya que se encuentran dentro de las principales causas por las cuales los adultos buscan atención médica. Se estima que cada día, más de 1 millón de personas contraen una ITS. Debido a esto, es de gran importancia realizar revisiones médicas rutinarias para la identificación oportuna de ITS o en su caso, de enfermedades de transmisión sexual.

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